Actualidad del Observatorio Español de la Economía Social

17/03/2021

Los Centros Especiales de Empleo de iniciativa social superan a los lucrativos en puestos de trabajo, arraigo en el entorno y solvencia

Los centros especiales de empleo (CEE) tienen una plantilla formada por personas con discapacidad al menos en un 70%. Todos ellos generan un beneficio social y económico, pero sólo los de iniciativa social no persiguen el lucro como fin principal. Un estudio de la cooperativa gallega Abeluria analiza este fenómeno en profundidad, en un sector, el de los CEE, que ha experimentado un importante crecimiento en el número de centros, si bien de tipologías distintas, en función de si son de finalidad lucrativa, o de iniciativa social y sin ánimo de lucro.

Según explica el informe, coordinado por la investigadora Ana Olveira Blanco, conviene diferenciar los CEE que persiguen el lucro, como cualquier otra empresa, de los que revierten todos los beneficios en la propia firma y en la generación de más empleo. “Los primeros son buenos; pero los segundos son los imprescindibles”, afirma el documento, encargado por la Asociación Empresarial Gallega de Centros Especiales de Empleo Sin Animo de Lucro (CEGASAL).

El apoyo de las administraciones a los CEE ha propiciado su crecimiento en los últimos años, destacando entre los más recientes su carácter lucrativo. El estudio analiza estos dos modelos de empresa a través de distintas ópticas: sociológica, económica, laboral, de inserción de personas con discapacidad y de entorno geográfico.

En julio de 2020, Galicia contaba con 110 centros especiales de empleo. De ellos, un 45% cuenta con la calificación de SAL (Sin Ánimo de Lucro) o la solicitaron ese año. Es decir, más de la mitad de los CEE buscaban ya generar los mayores beneficios posibles para sus dueños. Por otra parte, un 18% de los CEE de Galicia cuenta con domicilio social fuera de la autonomía.

Mayor presencia territorial y creación de empleo

La primera confrontación de intereses entre unos centros y otros se denota ya en su ubicación. Los CEE están situados mayoritariamente en zonas urbanas, aunque los sin ánimo de lucro tienen una presencia en el medio rural bastante superior. Tal dato, colige el estudio, “da cuenta de la mayor adaptación al territorio” de estas firmas y añade que contribuyen “además de a la función social de generación de empleo para personas con discapacidad, a la fijación de población en este territorio”.

También en creación de empleo existe una notoria diferencia. A 31 de diciembre de 2019, los CEE registraban 3.596 trabajadores, con un 88% de personas con algún tipo de discapacidad. Los CEE de iniciativa social suponen un 62,85% del total del empleo pese a que, como ya se reseñó, suponen sólo el 45% de las entidades existentes en Galicia. Además, no sólo generan más puestos de trabajo, sino también de mayor calidad. La estabilidad es común en el sector, “siendo la mayoría de sus contrataciones fijas y a jornada completa”. Sin embargo, en los centros sin ánimo de lucro la estabilidad llega al 66,6%, frente al 53,3% de los lucrativos.

En cuanto a su solvencia, son de nuevo los centros sin ánimo de lucro los que muestran un patrimonio neto superior y un menor endeudamiento, “lo que les otorga una mayor fortaleza financiera al contar con mayor dotación de fondos propios”. Y sin olvidar como pilar fundamental la formación. Los centros de iniciativa social son los que cuentan con una mejor cualificación en un sector en el que la media se sitúa en el Bachillerato para las personas con discapacidad y en FP superior en el caso de los empleados sin discapacidad.

El estudio se enmarca en el programa de actuación 2020 de la Rede EuSumo, impulsada por la Secretaría Xeral de Emprego de la Xunta de Galicia para el fomento del cooperativismo y de la economía social, que cuenta con financiación del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

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